Como te quedan tus anteojos?

¿Tus anteojos realmente te quedan bien? 7 señales que quizás estás ignorando

Elegir unos anteojos suele empezar por una pregunta muy sencilla: “¿Me gustan?”

Y es lógico. La montura, el color y el diseño son importantes porque los anteojos forman parte de nuestro estilo y de nuestra imagen.

Pero hay otra pregunta que muchas veces olvidamos:

¿Realmente me quedan bien?

Que una montura sea bonita no significa necesariamente que tenga el tamaño adecuado para nuestro rostro, que resulte cómoda o que esté correctamente posicionada.

A veces nos acostumbramos a pequeños inconvenientes y pensamos que son normales: subir los anteojos constantemente, sentir presión detrás de las orejas, notar que la montura se desliza o incluso sentir que nuestros ojos no quedan bien ubicados dentro de los cristales.

Por eso, antes de elegir tu próximo par de anteojos, te invitamos a revisar estas 7 señales que pueden indicar que la montura que usás no es la adecuada para vos.


1. Se te caen constantemente

Esta es probablemente una de las señales más evidentes.

Si cada vez que bajás la cabeza, caminas o realizas algún movimiento los anteojos se deslizan hacia adelante, algo no está funcionando como debería.

Una montura correctamente adaptada debería permanecer estable durante el uso cotidiano, sin necesidad de estar acomodándola permanentemente.

Por supuesto, algunos movimientos pueden hacer que cualquier anteojo se desplace. Pero si tenés que llevarlos nuevamente a su posición varias veces durante el día, conviene revisar el ajuste.

Un buen anteojo debería acompañarte, no obligarte a acomodarlo todo el tiempo.


2. Sentís presión detrás de las orejas

¿Terminás el día y sentís molestias donde apoyan las patillas?

Es posible que la montura esté ejerciendo demasiada presión.

Las patillas deben mantener el anteojo en una posición estable, pero sin generar una presión excesiva. Si son demasiado ajustadas o la montura no tiene el tamaño adecuado para tu rostro, puede aparecer incomodidad después de varias horas de uso.

Y hay algo importante:

Que los anteojos sean nuevos no significa que tengan que resultar incómodos.

Una adaptación profesional puede hacer una gran diferencia.


3. La montura toca tus mejillas

Esta señal puede pasar desapercibida cuando nos probamos los anteojos durante unos pocos minutos.

La montura puede parecer perfecta frente al espejo, pero después, al sonreír o realizar determinados movimientos, puede apoyarse sobre las mejillas.

Además de resultar molesto, esto puede hacer que los anteojos cambien de posición.

Por eso, cuando te pruebes una montura, no te limites a mirarte de frente.

Sonreí, mové la cabeza y observá cómo se comporta.

Los anteojos tienen que funcionar bien en movimiento, no solamente frente al espejo.


4. Tus ojos no quedan bien posicionados dentro de los cristales

Este punto es especialmente importante.

Cuando observamos una montura, solemos prestar atención al diseño general, pero también hay que mirar cómo quedan nuestros ojos respecto de los cristales.

Una montura demasiado grande, demasiado pequeña o mal posicionada puede hacer que los ojos queden descentrados respecto del área óptica.

En anteojos destinados a corrección visual, la correcta adaptación y centrado tienen todavía más importancia.

Por eso, elegir solamente por la forma o el color puede no ser suficiente.

La montura debe adaptarse a vos y no al revés.


5. Tenés que subirlos constantemente

Hay personas que desarrollan un pequeño gesto casi automático: empujar los anteojos hacia arriba con un dedo.

Una vez puede ser normal.

Varias veces por hora, probablemente no.

Si tus anteojos se deslizan constantemente hacia la punta de la nariz, puede existir un problema de ajuste, tamaño o adaptación.

También puede ocurrir que las plaquetas o el apoyo nasal necesiten una regulación.

Antes de resignarte a convivir con ese movimiento, vale la pena consultar con un profesional de la óptica.

A veces, una pequeña adaptación puede mejorar muchísimo la experiencia de uso.


6. Elegiste el tamaño pensando solamente en la estética

Esta es una de las trampas más habituales.

Vemos una montura que nos encanta y pensamos:

“Esta es la que quiero.”

Pero cuando elegimos anteojos, el diseño no debería ser el único criterio.

Una montura puede ser espectacular y, sin embargo, no ser la más apropiada para nuestro rostro.

El tamaño debe guardar una proporción razonable con la cara y, además, permitir una posición estable y cómoda.

Por eso, cuando compares dos modelos, no te preguntes solamente:

“¿Cuál me gusta más?”

También pregúntate:

“¿Cuál me queda mejor?”

La diferencia puede ser enorme.


7. Después de unos minutos, te olvidás de que los llevás puestos

Esta puede parecer una señal extraña, pero en realidad es una de las mejores.

Cuando unos anteojos están correctamente adaptados, deberían integrarse naturalmente a tu rutina.

No deberían convertirse en algo en lo que estás pensando constantemente.

No deberían molestarte detrás de las orejas.

No deberían deslizarse.

No deberían tocar tus mejillas cada vez que sonreís.

No deberías tener que acomodarlos continuamente.

La comodidad también es parte del diseño.


Entonces… ¿cómo deberían quedar unos buenos anteojos?

No existe una única montura perfecta para todas las personas.

Cada rostro tiene características diferentes y cada persona tiene necesidades distintas.

Pero hay algunos aspectos que vale la pena observar cuando te probás un modelo:

Deben sentirse cómodos

No deberían generar una presión excesiva ni producir molestias después de utilizarlos durante un tiempo.

Deben mantenerse estables

Al mover la cabeza o mirar hacia abajo, la montura debería permanecer razonablemente en su lugar.

Deben tener un tamaño adecuado

La montura no debería ser elegida únicamente por moda. Su tamaño y forma tienen que guardar una buena relación con el rostro.

Deben permitir una buena posición visual

Especialmente en anteojos con corrección óptica, la posición de los ojos respecto de los cristales es un aspecto que merece atención.

Deben gustarte

Y sí, esto también es importante.

Porque los anteojos no solamente cumplen una función. También forman parte de tu personalidad y de tu manera de expresarte.

La clave está en encontrar el equilibrio entre estética, comodidad y adaptación.


¿Y si mis anteojos ya me gustan pero no me quedan cómodos?

No necesariamente significa que tengas que cambiarlos.

En algunos casos, una montura puede necesitar simplemente una correcta adaptación o ajuste.

Pequeños cambios pueden modificar considerablemente cómo se apoyan los anteojos sobre el rostro.

Por eso, si notás que tus anteojos se caen, te aprietan, quedan torcidos o generan molestias, lo recomendable es consultar en una óptica.

Y si estás pensando en comprar un nuevo par, no tengas miedo de probar varios modelos.

El primer modelo que te gusta no siempre es el que mejor te queda.


Una prueba sencilla frente al espejo

La próxima vez que te pruebes unos anteojos, hacé esta pequeña prueba:

1. Mirate de frente.

¿Tus ojos quedan bien posicionados dentro de la montura?

2. Sonreí.

¿La montura toca tus mejillas?

3. Bajá la cabeza.

¿Los anteojos se deslizan?

4. Mové suavemente la cabeza.

¿La montura permanece estable?

5. Prestá atención a las patillas.

¿Sentís demasiada presión detrás de las orejas?

6. Mirá tu rostro completo.

¿El tamaño de la montura guarda una buena proporción con vos?

7. Finalmente, preguntate algo muy sencillo:

¿Me gustan… y además me siento cómodo con ellos?

Si la respuesta es sí, probablemente estés mucho más cerca de encontrar el modelo adecuado.


Elegir anteojos es más que elegir un diseño

Los anteojos forman parte de nuestra imagen, pero también nos acompañan durante muchas horas.

Por eso, elegirlos solamente porque una montura está de moda puede no ser suficiente.

El diseño llama nuestra atención.
La comodidad hace que queramos usarlos.
La adaptación hace la diferencia.

La próxima vez que te pruebes unos anteojos, no te mires solamente al espejo.

Sentilos. Movete. Sonreí. Probá cómo se comportan.

Porque unos buenos anteojos no deberían simplemente verse bien.

Deberían quedarte bien.


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